Más
allá del bien y del mal
Julián Parra Ibarra
El viejo lobo de mar llamado Porfirio Muñoz Ledo, en la
que podría ser la última posición política que ocupe en su vida, mantiene firme
su intención de llegar a la presidencia de Morena, por la que sostiene una
cerrada lucha con Mario Delgado, en un proceso que ha tenido enormes altibajos,
pero que al final se habrá de definir por el método de las encuestas que
terminaron ayer.
Sabedor de que ya está mucho más allá del bien y del mal,
Porfirio se ha convertido en la conciencia del partido oficial, y por ello es
para muchos dentro del ‘nuevo sistema’, una figura muy incómoda, un toro muy
difícil de lidiar. Él ya puede decir abiertamente lo que piensa y dice sin
tener la preocupación de que le pueda afectar o no su futuro político, y esa
franqueza a muchos les estorba y les provoca mucha urticaria.
Al principio de la administración, fue el senador
zacatecano Ricardo Monreal quien intentó ser la voz crítica al interior del
grupo en el poder, pero como él sí tiene aspiraciones políticas –entre ella ser
candidato a la Presidencia de la República-, le metieron un par de acalambradas
y con eso fue suficiente para alinearse y bailar al son que le tocaran.
Con Muñoz Ledo es diferente, no tiene que andar guardando
formas y cuidando de si lo que dice o hace es ‘políticamente correcto’, si
gusta o no en el ‘círculo rojo’; expone las cosas como son ni más ni menos.
Muchos ven en su avanzada edad un serio problema para recomponer al más joven
de los partidos creados en México pero también que ha tenido un avanzado
proceso de descomposición hacia su interior.
Pero ya quisieran una buena cantidad de políticos de
todos los colores, tener la claridad intelectual y la capacidad política, de la
que es poseedor Porfirio, quien según los datos que él tiene, en un país en el
que cada quien tiene otros datos según le convenga, tiene una ventaja de 3-1
cuando ‘falta un minuto para que se termine el partido’, y pregunta ¿A ver cómo
le van a hacer para darle la vuelta al marcador? Y advierte que eso sucediera tendría
que ser producto de un ‘fraude monumental’.
El relevo en la dirigencia de Morena debió haberse
realizado desde hace un año, pero con artilugios y mañas, hay quiénes han
venido aplazando el proceso para mantenerse en el poder pese a la crítica del
propio Presidente, que ha dicho que es demasiado partido para tan poquita
dirigencia.
En una de las etapas de este denso proceso, hubo más de
un centenar de aspirantes, entre ellos neomorenistas estilo jocoque que de la
noche a la mañana se sintieron con el derecho de presidir el partido del
Presidente. Hay otros que dicen que Porfirio no merece ser presidente de
Morena, y lo dicen quienes desconocen la trayectoria del propio Porfirio, así
como la historia de la izquierda mexicana.
Lo cierto es que más allá de todo, a Porfirio le temen
porque saben que no se va andar con medias tintas cuando quiere decir lo que
tiene que decir, no se va a andar escondiendo en lo oscurito para externar lo
que se debe saber en público. Tanta franqueza les indigesta, les estorba.
Por eso muchos no quieren que llegue a la dirigencia del
partido, y harán todo lo posible por evitarlo, de eso no queda la menor duda,
si bien una presidencia de este calado podría ser la oportunidad de empezar a
recomponer las cosas en un partido de caníbales que ya han probado su capacidad
de destrucción.
Aunque se diga que en Morena están prohibidas las tribus,
el hábito no hace al monje y aunque se vista de seda, mona se queda. No es de
extrañar lo que pasa al interior, porque el partido está conformado por las
mismas tribus que no descansaron hasta dejar del PRD solo el bagazo, y luego lo
tiraron para dar el brinco a Morena.
Durante años la izquierda mexicana y nada fue exactamente
lo mismo, y por años, se añoraba que apareciera una buena opción de la
izquierda, y si las cosas siguen marchando como hasta ahora, Morena pasará a la
historia por el ser el partido que entre el momento de su registro ante la
autoridad electoral y la llegada al poder le llevó el menor tiempo en toda la
historia; pero también puede pasar por ser el que más pronto se descompuso, lo
que hasta cierto punto parecería ‘normal’, porque como oposición pueden durar
mucho tiempo, pero lo que desgasta es llegar al poder y éste es atractivo para
todos, por eso las férreas disputas.
Le pasó al PAN que durante años se mantuvo como un
partido opositor al que le llevó décadas desplazar del poder al PRI, y en el
que la gente confió; pero una vez que probaron el poder, terminaron por
corromperse, y echar por la borda el trabajo de tantos años. Ya veremos qué
pasa en Morena.
@JulianParraIba
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