Querétaro corrió con suerte y en el último minuto del
partido logró un empate 1-1 ante Santos Laguna, gracias a que Felipe Baloy
desvió un balón hacia su propia portería, en un partido que se disputó en el
Estadio Corona y que terminó con conato de bronca, siendo el árbitro central
Cesar Ramos.
La ‘hazaña’ de los gallos fue mayor al terminar los
últimos 18 minutos del partido con 10 hombres, ya que había sido expulsado
Mario Osuna por doble tarjeta amarilla, significando un punto de ‘oro’ para los
visitantes que se niegan a ser los elegidos para descender al final del torneo.
El encuentro no fue nada fácil para los de la Comarca,
ya que el conjunto queretano fue un auténtico gallo de pelea dentro del terreno
de juego, dificultando el accionar santista durante los 90 minutos, siendo su
premio el alcanzar en el marcador para regresarse a casa motivados y con la
esperanza de lograr la permanencia.
Santos perdonó al tener en sus ‘manos’ el 2-0 en al
menos dos ocasiones, terminando sus remates en los postes o por un costado de
la portería, haciendo confianza los guerreros para terminar pagando caro su
error y dejar ir el quinto triunfo consecutivo, el cual los hubiera puesto muy
cerca de los punteros del torneo que son Atlas y Tigres.
Querétaro nunca se dio por vencido y en el último
minuto vino la jugada clave del encuentro, cometiendo Osmar Mares una falta
fuera del área por el costado derecho del ataque de los visitantes. Mostrando
coraje y ganas de lograr el empate, en esta acción se sumó el portero Sergio
García para rematar, ‘estorbando’ dentro del área para que viniera la confusión
entre Oswaldo Sánchez que salió a cortar el centro por alto y Felipe Baloy que
no lo vio y conectó de cabeza para quitarle el balón de las manos y mandarlo
hacia su propio arco, significando el 1-1 para los visitantes.
Enseguida llegó el silbatazo final, festejando la
banca del Querétaro efusivamente y en tono de burla al cuerpo técnico santista,
por lo que el auxiliar albiverde, Helder Elías, respondió con empujones,
desatándose un pequeño conato de bronca que afortunadamente no pasó a mayores.
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