jueves, 13 de octubre de 2016

A LA BÁSCULA


Pásele, pásele

Julián Parra Ibarra
Pásele, pásele, venga a ver los más raros y curiosos especímenes, aquí le presentamos al hombre que tiene varias caras, que es acusado de los peores delitos y él se cree que es un santo y perdió más de la mitad de su peso por andarle mintiendo hasta a su mamá; acá tenemos al mago que de la noche a la mañana apareció con un banco; por aquí tenemos al que con los dineros ajenos se compra aviones y helicópteros; más allá tenemos al que se construye presas y le desaparece el agua a la gente. Pásele, pásele, no pierda la oportunidad de verlos en persona.

La política en México sobre todo en los años recientes, ha sido convertida en un circo de tres pistas en la que artistas del trapecio pasan de un partido a otro sin mayor rubor, en las que los magos desaparecen millones de pesos de las arcas estatales y municipales, en las que algunos payasos realizan montados en un caballo el ‘paso de la muerte’, y los hombres bala salen impulsados por los aires no disparados desde un cañón sino a bordo de aviones o helicópteros comprados con dinero del pueblo, y el hombre del sombrero de copa ataviado con elegante saco negro de cola que de ser un simple empleado pasó a ser el dueño del circo porque ya se compró un banco para él solito.

Lo que ocurre en México no se vuelve a repetir ni se va a ver en ninguna parte del mundo. Un día sí, y otro también, aparecen en los medios nacionales y en los locales de las distintas entidades, los escándalos en los que están inmersos, lastimosamente, gobernadores y ex gobernadores en medio del descrédito de acusaciones de corrupción, de desvío o robo de recursos, de la violación impune y sistemática de los derechos humanos, del asesinato y/o desaparición de periodistas, activistas sociales y ciudadanos comunes.

Sin embargo, pareciera ser que los implicados en estos escándalos le apuestan a la tradicional memoria corta de los mexicanos, que después de disfrutar del show en los principales espacios en los diarios y noticieros, al cabo de un tiempo lo dejan todo en el olvido; y los implicados se preocupan solamente de soportar y capotear los señalamientos y acusaciones que les llegan de todos lados durante un lapso muy corto, sabedores de que muy pronto dejan de ser noticia, porque con el surgimiento de un nuevo escándalo a los ciudadanos -pero más a las autoridades- se les olvida el anterior.

Para remontar ese mal endémico e histórico de la memoria corta mexicana, es momento que la sociedad en su conjunto, transitemos de los escándalos y los dichos, a los hechos y las consecuencias, y empujar y presionar a las autoridades para que ello suceda porque ¿Cuántos escándalos recuerda usted recientemente de ex mandatarios estatales de las diferentes entidades del país, y cuántos realmente han pagado una consecuencia por sus actos?

A ver, déjeme recuerdo el quintanarroense Mario Villanueva y el michoacano Jesús Reyna (interino de Fausto Vallejo), ambos por su relación con la delincuencia organizada. El tabasqueño Andrés Granier, el hidrocálido Armando Reynoso por desvío de recursos, aunque éste último salió rápidamente y el primero de ellos todavía está tras las rejas.

Otros que entraron a la cárcel pero casi de ‘pisa y corre’ el chiapaneco Pablo Salazar Mendiguchía y el perredista bajacaliforniano Narciso Agúndez.

De los más ‘modernos’ por llamarles de alguna manera –entre ellos algunos integrantes de esa ‘nueva camada’ de políticos que tanto ponderó Enrique Peña Nieto en su momento-, y que en estos momentos todavía se encuentran bajo la mira están los tamaulipecos Eugenio Hernández Flores y Tomás Yarrington, pero a éstos también podemos sumar a su paisano Egidio Torre Cantú, quien nunca estuvo preparado para ser Gobernador, pero al que le regalaron el cargo como una especie de catafixia macabra por la muerte de su hermano, que era en realidad el candidato del PRI.

Los que en este momento son los más señalados por el dedo flamígero de los ciudadanos –y algunos de ellos formalmente por autoridades-, podemos mencionar al panista sonorense Guillermo Padrés Elías, y a los priistas Javier Corral de Veracruz, el chihuahuense César Duarte, el quintanarroense Roberto Borge, el neoleonés Rodrigo Medina de la Cruz y el duranguense Jorge Herrera Caldera. No pueden quedar fuera de esta selecta lista los coahuilenses Humberto Moreira y Jorge Torres López.

Es una verdadera tristeza y pena ajena en lo que han convertido a la política, la más amplia variedad de personajes: advenedizos, defraudadores, prestidigitadores, corruptos, ladrones, insensibles, violadores de derechos humanos, y hasta torturadores y asesinos. No todos los políticos –por fortuna- están cortados por la misma tijera, hay excepciones y son muy honrosas, pero del descredito de unos cuantos políticos, no se salva nadie.


@JuliánParraIba

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