martes, 11 de junio de 2019

A LA BÁSCULA



Desaprender
Julián Parra Ibarra

Durante los años de la gran violencia en nuestra entidad y en la Comarca Lagunera, muchas cosas cambiaron en la vida de muchos, por no decir que de todos. Aprendimos un nuevo lenguaje que tenía que ver con los tiempos que se vivieron. Aprendimos a sumar, muertos, decapitados, cuerpos desmembrados, y aprendimos a restar personas que fueron desaparecidos o que perdieron la vida.

Los tiempos nos enseñaron casi a quitarles el rostro, el nombre, y a olvidarnos de que se trataba de personas, de seres humanos, que tenían familia que tras su desaparición o muerte, quedaban destrozados. Aprendimos a ponerles números en vez de sus nombres, aprendimos a que las cifras cada día crecían, porque un día solía ser más violento que el anterior, cada semana era más violenta que la anterior, cada mes era más violento que el anterior, y cada año era más violento que el anterior.

Si bien es cierto que nuestro estado y nuestra Comarca lograron una pacificación –no al ciento por ciento, como la teníamos antes, pero mucho menos violenta que en muchas partes del país-, hay estados o regiones que siguen sumidas en esa vorágine que parece no tener fin.

En los días recientes, usted debe saberlo porque ocupó espacios principales en noticieros de televisión, radio y periódicos de los llamados ‘nacionales’, en la Ciudad de México un joven chihuahuense, Norberto Ronquillo, fue secuestrado y su cuerpo encontrado varios días después en un paraje de Xochimilco, a pesar de que la familia había pagado su rescate.

La impresionante entereza, fuerza y fe de su madre, fueron un detonante que me parece que alcanzó a sacudir la conciencia de muchísima gente en nuestro país. Ojalá que la muerte de este chico que estaba a punto de graduarse no sea en vano. Ojalá que a partir de su caso –como muchos que ha habido y hay en estos momentos-, nos sensibilice al grado que lo que aprendimos en los años de la gran violencia, lo empecemos a desaprender.

Ojalá desaprendamos a decir, este es el caso número tal, el asesinato número tal, y entendamos que se llamaba Norberto, que tenía 22 años y una gran familia que había fincado en él todos sus sueños, todas sus ilusiones de verlo profesionista y triunfador.
Lo dijo su madre y debemos tomar nota de ello, esto no es sólo cuestión de autoridades, como sociedad, como padres de familia, tenemos qué aportar lo que haya que poner para que casos como este no se vuelvan a repetir jamás. Y no, no es el ejecutado ‘cuatrocientos y tantos’. Era un joven lleno de ilusiones con nombre y apellido: Norberto Ronquillo. Descansa en paz Norberto.

@JulianParraIba


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