lunes, 17 de junio de 2019

LA PUNTA DE LA MADEJA




Julián Parra Ibarra

Se enojó
Durante la visita que el pasado domingo realizara a Gómez Palacio el presidente Andrés Manuel López Obrador, se volvieron a repetir los abucheos, chiflidos e insultos a los gobernantes locales que, para ser espontáneos como lo han querido hacer creer que son, les salen bastante bien, con unas primeras filas pobladas en su mayoría por gente con aspecto sureño, oaxaqueño o algo por el estilo.

Por primera vez –me parece- un gobernador encaró a quienes le abucheaban, y su reacción generó dos corrientes de opinión: una que lo pinta como que se enojó y perdió la cabeza, y que el que se enoja pierde, lo dan como el perdedor; la otra es que por primera vez un mandatario estatal responde ante los insultos y abucheos, y que ya hacía falta que alguien levantara la voz en ese sentido. Lástima que el bajo perfil del mandatario duranguense, y su proclividad a aplaudirle todo al Presidente, le restan mucho peso en el contexto de los gobernadores del país.

El problema
Una parte del problema en la corriente que lo pinta como que se enojó y perdió la cabeza, es que –como lo publicó la columna Frentes Políticos, del periódico Excélsior-, son los enormes adeudos que su administración mantiene con proveedores locales, entre ellos muchos medios de comunicación, y han visto en estos hechos la oportunidad de cobrar afrentas que gente de su equipo le ha generado, muchos de ellos quizá sin que el propio mandatario esté enterado.

En un escenario como el que se presentó en Gómez Palacio, en los hechos tendrían que generar una unidad en torno al Gobernador, cerrar filas y los distintos sectores arropar a su mandatario. El problema es que han venido tratando tan mal a los proveedores, que muchos de ellos adoptan la actitud de ‘por qué voy a cerrar filas en torno a quien me debe obras o servicios desde hace más de un año’ y me ha tratado tan mal. Ojo. Su equipo debe ayudarle a solucionar, no a generarle más problemas de los que ya tiene.

Buen ánimo
Donde los hechos generaron hasta buen ánimo fue de este lado del Nazas, durante la ceremonia de inauguración del Centro de Convenciones Torreón. El gobernador Miguel Ángel Riquelme, pidió un aplauso para la alcaldesa de Gómez Palacio, Leticia Herrera, a quien le dijo “aquí sí la queremos”, en relación con los abucheos dominicales en el evento presidencial.

Incluso cuando le dijo al alcalde saltillense Manolo Jiménez que en un par de meses iniciará la construcción del Centro de Convenciones de Saltillo, bromeó y le dijo que iba a someter a votación su construcción. “Pero no te preocupes, Manolo, los laguneros sí te van a apoyar”.

La parte seria
La parte seria la aportó el alcalde torreonense Jorge Zermeño Infante, quien de las pocas veces que lo hace mostró madurez política al reconocer la gran obra del Centro de Convenciones, que inició Miguel Riquelme como alcalde de Torreón, y la concluyó como gobernador. “No reconocerlo, sería mezquino”, dijo.

Y fue el que trajo a colación el tema de la visita presidencial del domingo en Gómez Palacio, cuestionó los abucheos al gobernador duranguense, y la forma en cómo de un plumazo canceló una obra importantísima para la región, como es el Metrobús. Resaltó que esa forma de hacer las cosas no es democracia, es demagogia. Sopas periquito, con eso tiene o le guiso un huevo.

A la chimoltrufia
Lo hecho por López Obrador en La Laguna de Durango es un ejemplo de la política ‘a la chimoltrufia’. Me explico:
El 28 de diciembre Andrés Manuel estuvo en La Laguna pero de Coahuila, y ese día entre sus anuncios dijo que su gobierno iba a destinar 400 millones de pesos para que la obra del Metrobús –que lleva algo así como un 80% de avance del lado de Coahuila-, se construyera como era el proyecto original, desde Lerdo, Durango, hasta Matamoros, Coahuila.

Quedó en regresar en tres meses para evaluar los avances de lo que prometió ese día. Ni ha vuelto, ni hay avances, más bien retroceso, porque de un plumazo, canceló la obra del lado duranguense, y en este caso lo peor es que no puede argumentar corrupción, porque no se ha invertido un solo centavo partido a la mitad en el territorio en que la obra fue cancelada ¿O sea?

@JulianParraIba






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